Hubo un tiempo, muy, muy lejano, en el que los primeros hombres y mujeres y niños vivían. sus días transcurrían tranquilos. tenían lo que necesitaban y contaban historias. conocían el lenguaje de la tierra, del agua, de los vientos. la tierra les hablaba en los sueños. inventaban canciones para no olvidar lo que la tierra les decía. les enseñaba caminos secretos. les enseñaba dónde se escondía el agua. hablaba de animales; de serpientes, de escorpiones, de pájaros. aprendieron a dibujar y plasmaban en los dibujos todas aquellas historias.
vivían cerca de una gran roca, llamada uluru. una gran roca roja, en medio del desierto. ella les protegía y les cuidaba. era el símbolo de conexión con la tierra. como si fuera la madre de todos los hombres y las mujeres y los niños.
cuando conocí esta historia, quise salir a buscar el uluru. nos montamos en una furgoneta y recorrimos kilómetros y kilómetros. atravesamos el desierto, vimos canguros y kiwis. condujimos muchísimos días. por la noche hacíamos fuego para calentarnos y cenar bajo las estrellas.
y al fin, después de dejar por el camino todo lo que nos sobraba, el uluru apareció ante nuestros ojos. y entonces, por un instante, también nosotros conectamos con la tierra y aprendimos a escuchar.
foto: MacaRon. ayers rock, australia

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