Sólo se oía el ruido de los motores a mi espalda. Había llegado el
momento. Un montón de botones encendidos anunciaban que la hora del
despegue se acercaba. Yo notaba mi corazón vibrando como un tambor
dentro de mi pecho. Estaba muy nerviosa, y muy ilusionada. Me abroché el
cinturón al asiento, y una voz por la radio de comunicación empezó con
la cuenta atrás: diez, nueve, ocho,... los motores sonaban más fuerte;
siete, seis, cinco, cuatro,... cargando a toda potencia; tres, dos,
uno,... llegó el momento!... GO! El cohete salió disparado hacia el
cielo. Me agarré fuerte al asiento porque íbamos a toda velocidad,
surcando el cielo hacia las estrellas. Vi las casas que quedaban en el
suelo y se hacían pequeñiiiiitas como de juguete. Atravesé las nubes y
me crucé con una bandada de patos que se iban al sur a pasar el
invierno. Y yo seguía subiendo y subiendo. Más tarde me crucé con un
avión repleto de gente que venía de la china y me decían adiós por las
ventanillas.. Atravesé el cielo azul y llegué al cielo negro de la
noche, repleeeeeto de estrellas. Y entonces apagué los motores y el
cohete empezó a flotar en el universo. Yo veía por la ventana los
planetas azules, rojos, verdes. Milloooones de estrellas por todas
partes. Todo era caaalma. Me sentí tan bien que decidí ponerme el traje
espacial y darme un paseo por la luna. Guauuuuu...
Si te fijas hoy,
antes de ir a la cama, en el cielo oscuro y lejano, estaré junto a la
primera estrella que veas. Desde allí te daré las buenas noches y te
mandaré un beso galáctico por el aire...

foto: anta. apple store. tokyo, japan
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