martes, 13 de enero de 2015

el barrio sanchinarro

Todo el barrio estaba en obras. la vista se perdía entre edificios a medio construir; avenidas sin coches; parques con arbolitos recién plantados; ni un solo ruido. así vivía yo. era la única casa ocupada de todo el distrito. en el 2*A de uno de tantos edificios de ladrillos, hormigón y cemento que se levantaban como gigantes en todas direcciones. era un barrio nuevo, que estaba naciendo delante de mis ojos. me gustaba vivir así. sin vecinos, sin tiendas, con semáforos solitarios que pasaban del rojo al verde sin que nadie los viera. yo volvía de trabajar muy tarde, ya por la noche. entonces después de meter mi coche en el garaje desierto y de subir por unas escaleras silenciosas, entraba en mi casa. al principio tenía muy pocos muebles, por lo que el piso era bastante acorde con el barrio. pero lo que sí tenía era al poncho. mi poncho. era como un lobo simpático, negro, grande y peludo que me esperaba cada día. yo cogía mi bici y salíamos los dos a pasear por el barrio desierto. poncho corría a mi lado, a veces me adelantaba o hacía piruetas. ladraba muy fuerte y corríamos con el viento en la cara. pasábamos así horas y horas por la noche, descubriendo calles vacías, imaginando juegos y aventuras. cuando uno de los dos se cansaba ponía rumbo a casa y el otro le seguía. volvíamos agotados y felices. porque nos teníamos el uno al otro. porque éramos dos seres libres y sin miedo que desafiábamos a la noche, al tiempo y a la soledad.
con el paso del tiempo otras casas se fueron ocupando, y el barrio poco a poco cobraba vida; los niños en los parques, los coches por las calles, las tiendas, el ruido,... pero para poncho y para mí nunca estuvo tan vivo como aquellas noches sin fin, en que fuimos los dueños del mundo.


foto: anta. err, france

1 comentario:

  1. Sira. Entiendo lo que es esa soledad con alguien especial, cuando todo te sobra .... Y lo tienes todo.
    Me. Gusta

    ResponderEliminar